Aunque la mona se vista de seda...

La publicidad es un negocio, eso lo primero, y lo segundo, una profesión. Y por mucho que la pongan en un museo, publicidad sigue siendo. De hecho, conozco a mucha gente que ha estado en algún museo (bueno, a uno) y nadie le ha confundido con una obra de arte, que se sepa.

Es cierto que la profesión publicitaria suele ser vocacional, sobre todo para los que queremos ser creativos, y también es verdad que es necesario tener talento. Verdad es que, a veces, proponemos planteamientos innovadores y muy ocasionalmente (teniendo en cuenta el volumen publicitario que manejamos) se hacen cosas realmente admirables, que mueven masas y consiguen una fuerte implicación de los públicos. Pero eso no es lo único que amamos los que, de verdad, amamos la publicidad. Los que amamos nuestro trabajo no necesitamos jactarnos constantemente acerca de lo que hacemos, nos consideramos afortunados porque hemos escogido a qué dedicarnos y lo que nos gusta es hacer nuestro trabajo lo mejor posible.
Mi padre se ha pasado toda su vida vendiendo trajes y camisas y él también ama su trabajo. Y porque lo ama hace de él algo especial y muchas veces consigue el reconocimiento de la gente que lo felicita por la ropa, los escaparates, los arreglos o la atención que les presta. Sin embargo, él vive de vender camisas. Y, como todo el mundo, aprecia los elogios y lo animan. Pero lo que le da de comer y paga la universidad de sus hijos es vender. El crudo hecho de vender, ajeno a todo romanticismo.
Si hablamos de profesiones vocacionales la primera sería la de los curas. Ellos trabajan para una empresa llamada La Iglesia que de por sí no es un negocio (aunque esto os provoque risa). Y nunca, nunca, he oído decir que el sacerdocio fuese un arte. Y no me digan que no hay que ser un poco artistas para ir ataviados con un vestido negro y que no te confundan con un travesti o una hija de Zapatero. Hay que ser artista para compartir toda tu vida con una señora y decir que cumples un voto de castidad y que nadie se plantee otra cosa distinta a que que es tu criada, la prima solterona del pueblo. Hay que tener arte para trabajar sólo los domingos, justamente el día de descanso del resto de la población (porque al resto no le queda más remedio que trabajar los demás días de la semana). Tener arte para que tu trabajo consista en predicar, es decir, decirle a la gente qué tiene que hacer, lo que está bien y lo que está mal, mientras tú te bebes una copita de vino, eso sí, bendito.
Nunca he oído que la medicina fuese un arte. Otra profesión muy vocacional y que de per se tampoco puede considerarse un negocio aunque haya gente que viva de ella. Además hace falta mucho, muchísimo talento para desarrollarla y hay casos que trascienden a los medios. Como por ejemplo el primer transplante de cara que se hizo en España y tampoco he oído que eso fuese un arte. Y mira que al médico que lo hizo no le falta creatividad.
La publicidad, señores, no es un arte. Ni los publicistas o publicitarios o lo que queramos llamarnos somos artistas. Por eso me enervo cada vez que veo iniciativas como la publicidad en el museo y se renueva el debate de si la publicidad es un arte o no.
Lo que nos pasa a los publicitarios es que nos gusta vendernos constantemente, cosa que deberíamos hacer con los productos y servicios que anunciamos y no tanto con nosotros mismos. Nos gusta ir de guays y modernillos y que nuestros amigos nos admiren. Vamos por ahí soltando el discursillo (discurso+ cursillo) de que "creemos en las ideas", "nos gusta el trabajo bien hecho", "no nos gusta poner límites a nuestra creatividad" y estamos hablando de nuestro último trabajo que es una gráfica de ofertas del Lidl. Por ello, también, me enervo cada vez que nuestros amigos nos alaban por todo lo que hacemos alimentando nuestro ego con sobrepeso mientras los demás, todos los demás, por norma, nos mortifican y califican de mierda todo lo que no han hecho ellos mismos, alguno de sus amigos o la persona que les da trabajo. 

6 comentarios:

Nao pinwi dijo...

Ui, ui, ui, ui, discrepo en varias cosas, aunque coincido contigo en que los publicistas vamos de guais y no llegamos a chachis (véase grupo de renombre en Facebook).

Discrepo en que algunos trabajos de publicidad no sean auténticas joyas dignas de estar, aunque sea por una vez, en cualquier museo. Pero es que para mí también sería digno que algunos escaparates de moda, operaciones quirúrgicas y casos de abogacía estén expuestos al público en museos.

El target lógicamente no sería cualquier persona, pero igual que el target de cualquier museo de obras pictóricas y esculturas no es tampoco toda la población.

"Arte" tiene una denominación que engloba pintura, escultura, música, entre otras. Pero no creo que pueda llegar algún día a ser un concepto cerrado a más disciplinas.

Vale que el fin de la publicidad es vender, pero en muchas ocasiones el fin de buenos músicos y pintores era vender sus obras como método de vida. ¿Que otros lo hacían por amor al arte? Claro que sí, pero considero que el fin al que va destinado cada pieza no es criterio de peso para incluirla o no en el saco de "obras de arte".

Al fin y al cabo, cada uno tiene una percepción distinta del arte (de lo que es o lo que no para él, de lo que despierta en él, etc) y para mí tampoco todo lo que hay en algún museo merece estar ahí.

"Tu compi de piso"

Marián E-120 dijo...

El FIN de los cuadros o de los CDs no es la venta. Ése sólo es un MEDIO para poder seguir creando su arte. Y no toda la música ni toda la pintura es arte.
Por otro lado creo que lo bonito de la publicidad, como he leído hace poco, es su carácter efímero. En los museos están las momias y la publicidad debe ser algo que se renueva constantemente, como los grafitis. Y el museo de lo efímero ya está también inventado y por una agencia de publicidad, como no. Mira: http://www.youtube.com/watch?v=ooscH571RAA

Nao pinwi dijo...

Marianciña... sigo sin estar de acuerdo contigo, es lo que tiene la diversidad de opiniones. El fin del 90% de los CD y de un porcentaje (espero que no tan grande), es la venta, sin duda. Que sea un arte o, mejor dicho, que para alguna gente esa música o ese cuadro sea una reliquia, es independiente de su finalidad.
Claro que la publicidad es efímera, como la moda en ropa, estilos musicales e incluso corrientes pictóricas nace, se desarrolla y muere. Pero siempre te transmiten algo, aunque ya haya pasado su época de explendor, su época de brillo han creado algo, han sido precursores.
Esa capacidad de innovar (bien sea en medicina, robótica, publicidad o pintura) es merecedora del recuerdo y posteridad en un museo.

Andrea Loira dijo...

Pido la palabra:
henos aquí en la eterna discusión sobre qué es arte...
Desde mi punto de vista la principal razón por la que la publicidad No es arte (y no debe de serlo) es la finalidad.
La publicidad tiene una única finalidad muy clara: vender.
La finalidad del arte, que nosé muy bien cúal es, no creo q sea esa, tengo entendido que es algo asi como una forma de expresión del artista...
el publicitario no se expresa (o no debería) a través de sus obras, a no ser que tenga unos deseos locos de hacer saber al mundo que en el carrefur dan tres botes de tomate pagando dos.
Que algunas piezas son muy bonitas (pues mire usté,que para gustos hay colores...), que son muy ingeniosas (también lo son los comentarios de Berto Romero y no los plastificamos y hacemos un festival en su honor...)... y es que la publicidad se autoalaba (será que no tiene agüela), por no hablar de la autodenominación de creativo, porque ha de ser más creativo un tipo que piensa que un horno pirolítico es lo más comparable a una aurora boreal, y no un ingeniero que idea un aparato para comunicarse en el fondo del mar...
que será será, yo no lo sé, pero a falta de que la sociedad nos reconozca como dioses, pos nosotros mismos nos montamos nuestros saraos y tan anchos, que el que no se conforma es porque no quiere.

Marián E-120 dijo...

100% de acuerdo contigo Andre,
Nao, lo que te dije, que el 90% de los CD´s estén destinados a la venta a mí sólo me dice una cosa, que eso es música comercial, de dudosa articidad (si esta palabra existe).
Como dice Andre, la finalidad del arte es la expresión del artista. Que pueda vivir de ello es un privilegio del que pocos artistas disfrutan. De hecho hay muchos (realizadores, ilustradores, escritores, etc) que, en el mejor de los casos tienen que dedicarse a la publicidad para ganarse la vida, otras veces sirven Bigmacs.

Nao pinwi dijo...

Bufff, este tema se podría alargar hasta la saciedad... Tanto una como la otra habláis como si estuviese diciendo que somos la releche los publicistas... No nos estoy echando flores, más bien, en ese punto estamos de acuerdo porque si hay una profesión que peca de egocentrismo es esta.

Sin embargo, Andy, estás diciendo lo que yo os comentaba: que si un ingeniero inventa un aparato para hablar con los extraterrestres, para mí es merecedor de estar en un museo, de ser considerado arte, porque afortunadamente el concepto, como os decía, no está cerrado.
Considerar ciertas piezas de diferentes disciplinas precursoras, obras de arte por su innovación, me parece simplemente inteligente.
Sólo se trata de hacer una criba en los diferentes campos, analizar esa selección según lo que ha aportado cada una de las piezas para determinar si es o no una obra de arte.
Reservar la palabra arte a ciertos ámbitos (como siempre se ha hecho)me parece discriminatorio.

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