Joyas de verano

El período estival por su inherente ocioso y fiestero permite que alcancen su máxima plenitud dos míticas acciones comunicacionales: los carteles de las orquestas y los objetos promocionales de bebidas alcohólicas.

El cartel, clásico pero efectivo, es el principal soporte publicitario de las orquestas, tanto que han desarrollado su propia estética identificatoria. Nunca falta la foto de todos y cada uno de sus integrantes, con sus mejores galas y esos degradados que inspiran las luces del espectáculo. Al igual que los anuncios de helados o el olor a Nivea, los carteles de las orquestas son señales de que el sol ha llegado.


Si las orquestas son el aliado perfecto de las fiestas de pueblo, lo mismo sucede con las fiestas de bebidas alcohólicas a las discotecas.

Raro es el fin de semana veraniego en el que no hay fiesta de “algo” en una discoteca, con fantásticos obsequios por consumir más alcohol del que debieras.

Pero he notado que las cosas han cambiado.

Como regalo promocional, lo primero que se nos vendría a la cabeza hace unos años, sería una camiseta gigante, de color blanco-transparente, con la marca cubriendo el torso, de esas que pasan directamente al estado de pijama, sin pasar por las otras fases camisetiles.

De un tiempo a esta parte me he visto gratamente sorprendida por camisetas más que ponibles, con diseños bonitos, buenos tejidos y discretos logos, carteras que no se rompen y mochilas a la última.

Desde mi punto de vista, una inteligente estrategia que hace que el consumidor luzca saleroso y sin avergonzarse la imagen de la marca.

1 comentarios:

Marián Be. dijo...

muy bueno! no es que lo diga yo, es que es cierto. Y también es cierto todo lo que dicer. Yo también estoy preparando un post sobre carteles (únicamente). Qué gracia!

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